Queridos poetas

Mis viejos poetas
mis poetas viejos,
como cada noche
yo cuento con ellos.

Antoni camina los campos de Soria
y en las alamedas se detiene y piensa
en su vieja escuela, en sus campos yermos.
Leonor ausente… y a Dios que no encuentra,
él sigue buscándole
siempre entre la niebla,
caminante eterno
sin derecho a siesta.
Yo a veces le sigo, otras me entretengo
aguardo su vuelta junto al río Duero,
regresa despacio, tranquilo y sereno.

Neruda escribe versos tan tristes en la noche,
pero son tan hermosos que hacen daño al hablar,
yo los leo en silencio con los ojos del alma,
algunos los aprendo y los vuelvo a olvidar.
Déjame que recorte
tus jacintos  azules
que te robe palabras
que me dejen volar.
Yo te guardo su risa,
aquella que de pronto
sobre todas las cosas
querías escuchar.

Las cinco de la tarde y Lorca se retrasa,
la plaza ya predice su trágico final
pobre poeta triste cabalgando en la noche,
seduce a las estrellas y a la luna al pasar.
Préstame tus cuchillos
de plata, que no pueden
silenciar tu palabra
ni atar tu libertad.
Perdona a tus verdugos
que nunca imaginaron,
que todas tus palabras
pudieran escapar.

Rondando la frontera de lo humano y divino
no sé si yo lo encuentro, o él me viene a buscar.
Escucho algunas notas de perfecta armonía,
su maese organista le suele acompañar.
Maestro en la palabra
que alude al sentimiento
Bécquer siempre batalla
quimera y realidad.
Tan frágil y tan fuerte
como todo lo humano.
La noche miseriosa
veló su soledad.
Él es el responsable
de toda esta aventura
desempolvé sus rimas
y empecé a caminar
Descansa en paz poeta,
donde nunca te fuiste
tus versos se han quedado
rondando el verbo amar.

Mis poetas queridos,
mis queridos poetas,
como cada noche
yo busco sus huellas,
cuando las encuentro
me escapo con ellas.




Doy por válida mi vida

Por oír la voz del árbol 
cuando danza con el viento
y vienen a despertarme 
confundidos en el tiempo
y llegan hasta mi casa
golpeando en la ventana 
de mi corazón dormido
doy por válido mi oído.
Por descubrir sorprendida 
que la música me envuelve
y me rapta sin permiso,
y que frena el movimiento
de un dolor desconocido,
que me nutre algún poema 
en el momento preciso;
doy por válido mi oído.

Si además mi mente guarda 
los susurros y el sonido
de tus secretas palabras;
doy por válido mi oído.

Por ver la tarde dormida
mecida por la tormenta
bajo un cielo ensombrecido 
que se quiebra y se lamenta,
que vierte lágrimas tibias
con furia de desengaño,
desentumece la tierra
y la empapa sin reposo;
doy por válidos mis ojos.

Si además tengo el momento
esculpido en mi retina
de tu primera sonrisa
recordándola a mi antojo;
doy por válidos mis ojos.
Por beber la lluvia blanca
morder la cereza roja
besar tu frente dormida
como el mar besa la roca;
doy por válida mi boca.

Si además creo palabras
de las que arrullan el alma
y con hebras de nostalgia
desgrano una risa loca;
doy por válida mi boca

Si sospecho que mis manos
antaño de primavera
hoy son preñadas de otoño
con frutos de amor y siembra,
Si alguien al caer la tarde
lee estos versos y mira
como se le enrosca al alma
una sonrisa perdida;
doy por válida mi VIDA.


Otoño

Se me ha vertido el otoño de repente
me ha desteñido el ocre en la mirada
lame la lumbre la leña silenciosa
hay un crepúsculo azul dormido
en mi ventana.
Hay una luz asombrosa de tormenta
que desdibuja los contornos del paisaje
que ralentiza el tiempo y el silencio
y que confunde las fronteras de mi mente.


Se ha desprendido el otoño entre los árboles,
danzan las hojas tostadas en el aire,
hay un ciprés despistado y somnoliento
que está violando la cúpula celeste.
Despistada va la luna sobre el monte
ocultándose de amores prohibidos,
asombradas parpadean las estrellas
sólo el alba pondrá fin al desatino.


Se ha desbordado el otoño entre la gente
me rezuman los colores por el alma,
tengo ausencia de canciones desbocadas
que escaparon nuevamente con el alba,
tengo sueños y deseos rezagados
que transitan incansables por mi casa
llevo huellas de otro tiempo en mis zapatos
y un poema inacabado entre las manos.


Quiero bailar al viento con los sauces
y susurrar al oído de las nubes
contar secretos al cielo esclarecido
beberme el Sol que resbala por mi frente.
Quiero amasar olvidos y recuerdos
en un racimo de vino adolescente,
descabalgar las penas enquistadas
trepar a lomos de la tarde al horizonte.


He aprendido a ser mecida por el viento
a  no luchar si no hay una contienda,
a  no llorar si no me sobran lágrimas,
a  presentir el Sol entre la niebla.
He aprendido a fundirme con la vida,
y dejar que otros otoños me sorprendan,
a convivir en paz con mis mendigos
y a no perder de vista a las estrellas.



El poeta y la pintora

Dijo le el poeta a la pintora:
es hermoso tu lienzo atardecido
de estrellas,
pero está silencioso
es hermosa la plegaria de mis versos
pero está sombría.
¡Unámonos¡

Dibuja tú la rosa desangrada
yo tornaré en roció sus lamentos.
A tus álamos ruborizados de Otoño
les naceré yo voces de esperanza.

Píntame una hermosa noche
en cuyo vientre, estén a salvo,
el alma de los olvidados,
los locos que solo amaron,
y los sueños de los niños
que tan solo fueron hijos de si mismos.

Rasga con tus pinceles la penumbra
y desparrama un Sol de Primavera,
que acune con versos cálidos
el corazón aterido de los hombres.

Dale forma al rincón de los amantes,
cúbrelo de amapolas azuladas,
recorta sus miradas inequívocas,
dale color a esos labios
donde yo desgranaré secretos blancos.

Unámonos...
Y ya veras, como al final de este Crepúsculo
alrededor del brillo de tus lienzos,
se mecerán risueñas mis palabras.




Cuando Sucede

No es preciso que dormida
me dibujes con tus dedos
mariposas en el pelo,
ni que al alba,
tu mirada me descienda  
de los senos de la noche
para saberte guardián de mis sueños.

No es preciso que la lluvia    
caiga siempre mansamente
en el rostro de los hombres,
ni que el Sol ,
dance encendido sobre el agua
abrazándose al ocaso
para saber que la vida,
da una tregua.

No es preciso que susurres
mil poemas al oído
cuando me sientes perdida,
ya es sabido,
que en las horas más sombrías
son la música y el verbo
quienes huyen los fantasmas
de la mente.

No es preciso que la copa
meza siempre vino dulce
sobre los labios quebrados
de la pena,
ni que el beso
acumulado del amigo
desdibuje la amargura
de un recuerdo.

No es preciso que amanezcas
empapado de rocío
debajo de mi ventana,
ni que intentes,
aproximarme una estrella
de tu cielo desprendida,
para saber que me quieres
todavía.
No es preciso que tus manos
sobrevuelen mi cintura
cuando desciende el otoño,
ni que surjan,
cautelosas en la tarde
para soñar enlazadas
con las mías.

No es preciso tener siempre:
Tu mirada en mi horizonte.
Tu añoranza en mi recuerdo.
Mis carencias y tu holgura.

Ni tampoco:
Que mi cielo y tu morada
se confundan.
Que mi prisa y tu paciencia
se entremezclen.
Que tu verdad y mi sueño
se acompañen.

No es preciso,
pero cuando sucede…
¡Es tan hermoso!






Los celos de San Felices

Que  está enojado me dicen
que Felices se ha enfadado,
que subieron el Domingo
pero se fueron temprano.

Hay un viento cicatero
que al Santo le ha ido contando;
¡No se qué pasa en el pueblo,
tan todos alborotados!
son las fiestas de la Vega,
no hay otra cosa en sus labios.
Que si el pregón,  los piropos,
la procesión y el rosario.
Mientras, el Santo medita
-a mí no me quieren tanto…
Dice que lleva ventaja
que él es solo un  ermitaño
y ella es mujer, madre y guapa,
que esto ocurre desde antaño.
Hoy la Virgen se ha enterado
y le ha pedido a la cigüeña
que vive en el campanario;
que le cuente a San Felices
cuando el Sol se haya ocultado
y se hayan quedado solos
la luna , el monte…y el  Santo.
que en el corazón Jarrero
hay espacio más que holgado
para querer a su Virgen,
sin olvidar a su Santo.
La noche plegó sus alas
el sol aclara los campos
las aulagas amarillas,
los romeros azulados ,
el tomillo florecido,
los montes almidonados,
y entre las viñas se escucha
alguien que pasa cantando:
-no seas niño Felices,
no tengas celos humanos
que en el corazón Jarrero
hay tanto amor escondido
como vides en tus campos.
Una brisa solapada
atravesando sembrados
y viñas desmelenadas
llega a las puertas de Haro,
y cuenta , que hoy San Felices
amaneció más calmado,
parece que sonreía
mientras leía el breviario,
será porque ha comprendido
que en el corazón Jarrero
hay espacio más que holgado,
para querer a su Virgen
sin olvidar a su santo.