Manos





Me preguntas que dónde habita el alma.
El alma habita en las manos.

Son como abanicos mensajeros de vida.
Crispadas se repliegan impotentes,
abiertas, desbaratan la pena.

Si acarician el cuerpo,
dan paz al espíritu.
Llegan donde está vetada
la voz y la mirada.
No precisan de luz
para palpar las siluetas de los días.
Cuando el corazón canta
ellas danzan en el universo.
Las manos escondidas
asemejan un abismo infranqueable.
Unidas a otras manos tienen más fuerza
que mil legiones de palabras.
Hurgando en la península de tu cuerpo
se tornan ingrávidas e infinitas.

Que dónde habita el alma
me preguntas...
El alma habita en las manos 
te repito ya sin prisa...

¿Tu no has visto las edades
de la vida, dibujadas bellamente
entre sus dedos?
¿No has captado cómo emana
la energía,
en diez auras encendidas?
¿Te has fijado que la fiebre y el dolor 
se repliegan obedientes a su tacto?
Son capaces de matar
y de dar vida.
Son capaces de mutar
en un instante;
hoy, selluelos de dolor,
mañana, palomas de ternura.

Mudas e inmóviles con la noche
al alba, peregrinas descalzas
de mi cuerpo y de mi espíritu.

Manos de viento y ausencias
manos de agua.
Manos de tiempo y de siglos
manos de esperanza.

No lo dudes...
Haz un hueco entre tus manos
y escucha latir el Alma.






Tristeza

Quisiera ver la marea 
acariciando la luna,
trepando por mis palabras, 
humedeciendo mi duda.

llorar bajo las estrellas,
dejar volar mi amargura,
sentir que la vida sigue,
beberme la noche oscura.



Plegaria de Mujer

Podéis quedaros la música,
pero dejadme el susurro de la tarde
ese murmullo dulce de las hojas
ese tenue zumbido de la tierra 
esa canción eterna de las olas.

Quedaros el paisaje, 
pero no me toquéis las demás cosas,
la mirada intermitente y escondida
semioculta en la pupila azul del alba
esa luz que desdibuja  la penumbra
y esa campana añil sobre mi casa.

Podéis quedaros los libros...y los textos
pero dejadme intactas las palabras,
yo preñaré las hojas con mis versos,
yo inventaré mil cuentos para el alma
desgranaré mi voz entre tus dedos.

Quedaros con el baile ...y la zaranda
pero dejadme el secreto de la danza,
esos guiños de espejo sobre el agua
ese vaivén dorado en la colina
y esos juglares locos de las llamas.

Podéis quedaros los sueños...
pero dejadme al menos la nostalgia,
esa voz abrazada a mi memoria
esas noches con alas de gaviota
y esa danza de besos en mi cara.

 Podéis quedaros con todo
La Ternura, el Amor, la Paz,
El Alma.
La Piedad, el Dolor, la Fe,
La Calma.
El Recuerdo, el Olvido, incluso la añoranza.
  Pero sabed...
Que en un instante secreto del Crepúsculo
pariremos de nuevo la Esperanza.





Retazos del camino

Entre tantos peregrinos
se han bebido la mañana,
árboles desdibujados
entre la niebla del alba,
quieren despertar al sol,
porque su luz ya se tarda,
y mientras, sobre el camino
llueve una paz regalada.
Alzo la mano y saludo, 
otro peregrino pasa,
se está descolgando el día, 
se está encaramando el alba,
y asoma muy quedamente
arropada en las miradas.


Poetas del cielo

Voy a empaparme de verde
para cuando me falte,
voy a absorber todo el musgo,
helechos, hiedras y fuentes. 
A medida que camino,
va el poeta apareciendo.
No sé qué narran los árboles,
no cesan de hablar entre ellos,
un viejo roble inclinado
me susurra desde lejos:
somos poetas del cielo. 
¿Qué pensabas, que tú sola 
sabes jugar con los versos?



Palabras del Viento

Mientras yo voy caminando
me alcanza veloz el viento.
Súbete a mi grupa dice,
no me temas, no soy fiero.

Si caminas a mi lado, 
la vida te pesa menos. 
Nunca me estrello en la roca, 
me aproximo y la rodeo.
Jamás sucumbo al abismo, 
desciendo, rujo y me elevo.
Las olas del mar las beso,
las encaramo… y las dejo.

¡Ven conmigo peregrino!
No tengas miedo del viento.

Si alguna vez soplo en contra, 
detente, reza y espera,
será que algo que tu ignoras
me reclama con presteza.
Más tarde, cuando retorne
volarás con más destreza, 
recuperarás el tiempo
que perdiste con mi ausencia.

¡Ven conmigo peregrino!
Toma mi voz y mi fuerza.

Te contaré mil historias,
danzaré con tus cabellos,
refrescaré tus mejillas,
me enredaré entre tus dedos.
Y si me dejas llegar
hasta tus adentros,
desmantelaré esa pena
agazapada en tu cuerpo,
yo sabré cómo curarla
 ¡déjale el trabajo al viento!
Y caminarás más libre
con los ojos más abiertos,
la mente más sosegada
y el corazón más contento.

¡Ven conmigo peregrino
nunca le temas al viento!