Secretos Blancos

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío,
me pareces un nido donde reposa
la paz, robada de todas las guerras de la vida.
Tienes la carita pálida y tu piel
huele a bienestar y caricia.

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío,
me parece que redimes
todos los errores de los hombres.
De tu nariz huye un viento suave
que me hace cosquillas de ternura.

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío,

me pareces un regalo bendito
amasado con los frutos de la tierra.
Dos hileras de pestañas tiernas
cobijan tu sueño azul.

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío,

me sobra el mundo, la palabra y el deseo.
En el hueco de tus manos
descargo el alma y lo duermo.

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío,

me parece que penetro
de puntillas en el tiempo
y a tu maraña revuelta
se van danzando mis dedos.

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío,

hay un sigilo de nomos
palpitando en los acordes
he un diáfano silencio,
y se transforman en lumbre
los murmullos de mis versos.

Cuando contemplo tu sueño
hijo mío, mejor cuando tus ojos
despiertan y me miran limpios, inmensos,
me doy cuenta de que Dios
dejó un beso escondido
en tu cuerpo.






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